A ocho kilómetros al oeste de Javier se encuentra Sangüesa, la ciudad más importante de la región, cabecera de una de las merindades o distritos en que se dividía el reino de Navarra. Hoy Sangüesa, que cuenta con algo más de 5.000 habitantes, mantiene muy bien el carácter de centro comercial y de servicios que ya tuvo en la Edad Media, y sobre todo guarda entre el rectilíneo trazado de sus calles varias joyas arquitectónicas, entre iglesias y palacios medievales y barrocos, restauradas con mimo y adaptadas a necesidades actuales: el palacio de los Reyes es hoy la biblioteca pública; la casa de la cultura está ubicada en el soberbio palacio barroco de Vallesantoro y la iglesia del Carmen sirve de auditorio y espacio cultural.
Una iglesia con torre de fortaleza, dedicada a Santiago, declara la inequívoca vocación jacobea de la ciudad y junto al río Aragón, que la baña, se encuentra la iglesia románica de Santa María la Real, un auténtico tesoro del Camino de Santiago en Navarra.
En las columnas laterales de su portada se representa a las tres Marías del evangelio (la madre de Jesús, María Magdalena y María Salomé, madre de Santiago y Juan). Frente a ellas, San Pedro y San Pablo y Judas Iscariote colgado en un árbol, con la leyenda “Judas Mercator” como aviso de escarmiento para que los mercaderes usureros no estafaran a los peregrinos.
En los capiteles aparecen escenas de la vida de la Virgen y del rey Salomón, patriarcas, profetas, personajes mitológicos como una sirena amamantando a dos animales, un animal con alas y cabeza de águila, representaciones humanas de vicios y virtudes, una serpiente que muerde en el pecho a una mujer, un acróbata, una bailarina, saltinbanquis, músicos tañendo la vihuela, representaciones de oficios como cazador, escriba, zapateros, herrero, devotos rezando.
El tímpano o elemento central, construido sobre una piedra única representa un apostolado presidido por la Virgen con el niño, y sobre él, la escena del juicio final, presidida por un Cristo humanizado, bendiciendo y portando el libro sagrado, que se rodea de cuatro ángeles trompetistas.
Las enjutas o espacios triangulares que el arco dibuja en ambos lados, están ocupados por un abigarrado conjunto de esculturas dispares que incluso alcanza los contrafuertes próximos. Allí encontramos varios reptiles, una mujer mordida por una culebra y un sapo (símbolo de la lujuria), un caballero con una figura desnuda a los pies de su caballo, Adán y Eva junto al árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, Caín matando a Abel, animales fantásticos, e incluso escenas de la mitología nórdica que nos presentan al guerrero Sigurd que mató al dragón Fafner y entregó su corazón a Regin, lo que nos da idea de las influencias tan lejanas que tiene esta portada.
El monasterio de San Salvador de Leyre es un conjunto monumental de primer orden en el estudio del arte medieval en España. Es también un centro de religiosidad contemplativa cuyos orígenes se remontan cuando menos al siglo VIII. Leyre es, asimismo, una pieza clave de la historia de Navarra, especialmente de los tiempos de la formación del Reino.
Se sitúa en la falda de la sierra de Leyre, límite orográfico que divide la Montaña y la Zona Media de Navarra, en su límite oriental con Aragón. Es éste un cruce de caminos de importancia mantenida a lo largo de la historia. De este a oeste atraviesa esta tierra el Camino de Santiago que, tras atravesar el Pirineo por Canfranc y rebasar la ciudad de jaca, se adentra en Navarra camino de Puente la Reina, donde se unirá con el otro camino, el “camino francés”, procedente de Roncesvalles y Pamplona.
Además de norte a sur cruza la sierra de Leyre la “cañada de los roncaleses”, tradicional vía pecuaria utilizada por los ganados de los valles pirenaicos que pasan el invierno en las Bardenas Reales.
El conjunto artístico de la real abadía de San Salvador de Leyre es uno de los más destacados de la arquitectura medieval europea. Bajo el pavimento de la iglesia abacial se encuentran los vestigios de lo que debió ser la construcción más antigua del monasterio, posiblemente del siglo IX. No obstante, la estancia más antigua que hoy podemos visitar es la cripta, construcción recia y austera, construida en el sigloXI. Sus arcadas desiguales están sustentadas por unos inmensos capiteles decorados con volutas, estrías oblicuas y roleos. Sobre la cripta se construyeron los ábsides que hoy constituyen la cabecera de la iglesia abacial, también del siglo XI.
La gran nave de la iglesia abacial fue construida en los siglos XI y XII y desde el siglo XIV está cubierta por una impresionante bóveda gótica de 14 metros de anchura. En ella se alberga el mausoleo de los primeros reyes de Navarra. La portada oeste, o puerta speciosa es un magnífico ejemplo del románico difundido por el Camino de Santiago.
El monasterio de Leyre mantuvo su actividad desde su fundación hasta el siglo XIX, en que fue desamortizado. Su restauración, a partir de la década de 1940, propició la recuperación de la vida monástica en 1954, por parte de una comunidad de monjes benedictinos.
A los pies de la sierra de Leyre se encuentra Yesa, municipio en cuyo término se enclava el monasterio de Leyre. Es un antiguo lugar de señorío que perteneció a Leyre desde mediados del siglo IX, convertido hoy en localidad turística, debido a la proximidad del embalse que lleva su nombre y su buena situación como encrucijada entre importantes destinos turísticos (Pirineos, Jacetania, Leyre, Javier, etc.). Su iglesia parroquial, construida en 1950 al estilo del románico jaqués, alberga un retablo procedente de la colegiata de Roncesvalles, del siglo XVII, presidido por una imagen de la Virgen del Rosario del siglo XIII.
En la iglesia vieja, se conserva un amplio conjunto de pintura mural del siglo XIV pendiente de restauración. En el mismo término y sobre el río Aragón, se conservan los restos del puente de los Roncaleses, construido a finales del siglo XI y que conserva partes romanas. Mide setenta metros de largo y dos y medio de ancho. Mantiene sólo tres de sus cinco arcos originales. Su nombre se debe a la creencia de que aquí tuvo lugar, en los comienzos de la Reconquista, una decisiva batalla contra las tropas árabes, en la que tomaron parte activa los vecinos del Roncal y que quedó reflejada en el escudo de armas de su valle.
Los Pirineos se elevan al norte de Navarra sobre una zona montañosa en la que el visitante se encuentra un paisaje de altas cumbres y valles profundos, bosques umbríos y luminosos prados alpinos, desfiladeros y cañadas.
Los valles de Roncal, Salazar y Aezkoa componen el Pirineo navarro más oriental, lugar de grandes atractivos, tanto desde el punto de vista naturalístico, como del de la arquitectura tradicional y del arraigo de costumbres ancestrales.
Al valle de Roncal se accede desde la cola del pantano de Yesa, dejando la carretera que conduce a jaca y tomando a la izquierda la que atraviesa las poblaciones aragonesas de Sigües y Salvatierra. El valle de Roncal está compuesto por siete municipios: Burgui, vidángoz, Roncal, Garde, Urzainqui, Isaba y Uztarroz, que componen una tradicional Junta del Valle que se encarga de los asuntos comunes.
Esta junta tiene su sede en el pueblo de Roncal, cuna del famoso tenor Julián Gayarre (1844-1890) del que se conserva un bello mausoleo realizado por el escultor valenciano, amigo de Gayarre, Mariano Benlliure, y la casa-museo del cantor. Los siete pueblos cuentan con un gran atractivo y no es menor la explendidez de las áreas de montaña de belagua, belabarce, Mintxate y Larra, que coronan el valle por el norte.
El Valle de Salazar, al que puede accederse desde Roncal tanto por el norte (puerto de Laza) como por el sur (puerto de Las Coronas) cuenta con pueblos de casas blasonadas de piedra y madera, con tejados a dos o cuatro aguas de teja plana y fuerte pendiente. Ochagavía es su capital y el mejor ejemplo de una bella localidad levantada en los bordes de un río de montaña ( Anduña). Parajes naturales de excepción como la sierra de Abodi o ermitas como la de la Virgen de las Nieves, Muskilda o Arburúa complementan los inagutables encantos de este bello lugar.
El Valle de Aezkoa, ganadero y forestal, está situado al oeste de Salazar y próximo al enclave de Roncesvalles. Las blancas casas de sus pueblos, Aribe, Aria, Garralda, Garaioa, Abaurrea Alta, Abaurrea Baja, Hiriberri, Orbara y Orbaizeta contrastan con los mil tonos de verdes que sus bosques ofrecen a lo largo del año. Una completa red de senderos balizados orientan al visitante que quiere disfrutar de atractivos tan dispares como la selva del irati, la antigua fábrica de armas de Orbaizeta, la colosal construcción que corona el monte Urkulu, o los hórreos que mantiene el pueblo de Aria.